BATALLA - DÍA 6
LA BATALLA
Norberto Shammah (Argentina)
Ahí viene la Batalla, era la frase escuchada durante
los recreos.
La Batalla era María Elena Batalla, profesora
de italiano del Nacional Bartolomé Mitre.
Cuando entraba al colegio, que casi siempre
coincidía con el primer recreo, se iba haciendo un silencio progresivo, a
medida que cruzaba el primer patio y luego el segundo.
El Nacional Bartolomé Mitre en ese momento,
era solo de varones. Si bien todos los años el centro de estudiantes planteaba cómo
una bandera, el reclamo de que hiciera mixto, todos los años ese reclamo
quedaba postergado.
Las autoridades del colegio iban argumentando
distintas cosas: no hay espacio para hacer los baños, no nos autorizan el
presupuesto, no tenemos vacantes para incorporar mujeres.
Entonces éramos como el patito feo de los
colegios. El único que no se había vuelto mixto con el retorno de la
democracia.
La Batalla tendría unos cuarenta y tantos
años. Quizás cuarenta tres o cuarenta y cuatro, no mucho más. Pelo largo y
lacio, ojos muy oscuros y un dejo de acento italiano que nadie sabía si era
auténtico o fingido pero que la volvían muy llamativa.
Aunque un tema de debate en los recreos era
si la Batalla era realmente linda, o había una suerte de abstinencia que hacía
que la idealicemos al punto que varios de los alumnos, decían estar
perdidamente enamorados.
Uno de ellos era Navarro, uno de nuestros compañeros
de división que nos propuso una actividad para después del colegio: seguirla a
la Batalla.
Navarro nos contó que había hablado con Kacew
de la otra división. Kacew tenía un hermano más grande egresado del colegio. Y
un amigo del hermano mayor de Kacew, le había pasado un dato fundamental. La
Batalla era soltera, no tenía hijos, Y al parecer nunca había tenido novio.
Esa información nos llenó de entusiasmo y
despejo todas las dudas que podíamos tener acerca del plan a la salida del
colegio.
Seguirla a la Batalla no fue muy difícil. Iba
cargada de libros de italiano, y no caminaba especialmente rápido. lo que hizo
todo más fácil fue que la Batalla vivía a ocho cuadras del colegio.
El camino nos sirvió para que pudiéramos
discutir un tema importante: quién iba a ser el que intentara seducir a la
Batalla. Pero la discusión duró muy poco, Navarro era el que había propuesto el
plan, el que había traído la información y fundamentalmente el que se declaraba
más enamorado de todos nosotros.
Cuándo decidimos que Navarro era el candidato
le preguntamos qué idea tenía, pero se limito a sonreír y decirnos que lo
dejáramos por cuenta de él.
Cuándo finalmente supimos cuál era la casa de
la Batalla, Navarro nos pidió que quedáramos cerca y atentos a que no se fuera.
Navarro desapareció de nuestra vista por un rato. Cuándo volvió traía un enorme
ramo de flores de muchos colores. Se destacaban unas flores turquesas y unas
blancas con pintitas negras.
La casa de la Batalla tenía un jardincito
adelante, así que los demás pudimos quedarnos en la vereda mirando hacia el
interior del jardín con la intención de ver y escuchar lo que iba a pasar.
Navarro tocó el timbre dos veces. Parecía que
nadie iba a contestar hasta que se oyó una voz diciendo algo que no pudimos
escuchar claramente.
Se abrió la puerta y Batalla y Navarro
quedaron frente a frente. A la profesora de italiano se la veía muy sorprendida.
No sabíamos si por ver a Navarro fuera de la escuela o por el ramo de flores
que tenía en la mano.
Navarro, se puso un poco nervioso y empezó a
decir lo que había estado pensado de manera muy torpe. Que era linda, muy
linda. Que la quería, no, que la amaba. Que siempre la había amado y que la
edad no era algo importante para él.
Navarro no pudo parar de hablar ni siquiera
cuando apareció el marido de La Batalla detrás de la puerta.
Al día siguiente, en el recreo vimos como
entraban a la rectoría los papás de Navarro. Todos creemos que lo cambiaron de
Colegio
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