BATALLA - DÍA 6

BATALLA

Julián Clingo (Argentina)

Estuve a punto de tatuarme a Galván. Lo ví agarrar la pelota después de que nos cobraran el penal y dije: “¿Galván? Lo tiene que patear Copetti”. Uno de los plateistas con los que agarré confianza me dijo: “¿Y si lo hace?”. Y ahí se me vino la idea, fueron diez segundos donde, agarrado del brazo de mi viejo, me convencí de que iba a ser gol, después, había que esperar a que Boca no metiera uno en la última. Pero no, atajó Armani. Ese que atajó uno de los penales que más festejé: aquel de la Copa América contra Paraguay que significó que no nos quedáramos afuera, y por lejos, el que más me dolió. Lo tremendo que tiene el fútbol es que seguí ilusionado hasta el gol de Borja. Y ahí el dolor fue total. No quería silbar, odié eso siempre, tampoco aplaudir, no me gustó este semestre de Racing, más resultados que funcionamiento. Los medios partidarios que habían pedido que vayamos a aplaudir a la cancha ahora pedían autocrítica por un penal errado. Los periodistas que dicen ser “Outsiders” pero hacen publicidades de apuestas, van al mundial y mandan al” muere” a jugadores y  dicen que están a favor con los pasacalles cobardes contra los jugadores.

Mi viejo me decía que no exagere cuando le decía que debe ser de las derrotas que más sufrí. Por un lado tiene razón: ¿Cómo salir segundo después de un campañón resulta un dolor tan grande que se curte en mi piel enfermándome dos días después? No hay una respuesta, el fútbol genera este tipo de irracionalidades. Desde querer tatuarse al defensor suplente de un plantel hasta sufrir un subcampeonato. El dolor será eterno, sinónimo de burlas de las que no entraré porque entiendo del paño y yo, que me tomo en serio al fútbol, prefiero ser respetuoso con el dolor irracional ajeno.El hincha de Racing es así. Nos criamos entre sufrimientos y ante cualquier caricia del destino, imaginamos festejos intentando convencernos de que siempre hay  revancha. Y no se si aquella que te da la victoria, sino esa de ir a la cancha a alentar con orgullo a tu equipo, y abrazarte con el que compartís o te hizo querer estos colores. Como nos abrazamos con mi viejo en ese penal. Podría preguntarme por qué no lo pateó Copetti o Hauche, pero lo que se me viene a la mente antes de dormir, cuando se me viene la angustiante imagen y de Galván con la pelota en el brazo esperando a patear mientras batallo con la almohada es ¿Por qué mierda no lo hiciste? Estuviste a punto de ser tatuaje.

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