BOTINES - DIA 1
PRIORIDADES
Rafael Sanchez Araiza (México)
Cuenta mamá que yo venía con los botines bajo el brazo. Creo que empezó a decirlo porque eso henchía de orgullo a papá. Así lo mantenía contento y tranquilo… y alejado del alcohol.
—Ramón, ¿quién juega hoy?
—No preguntes cosas que no entiendes, sabes que no deben molestarme cuando estoy viendo el partido —contestó sin despegar la vista de la pantalla. Carla se retiró rápidamente, con cuidado de no hacer ruido.
Crecí viendo escenas como esa: papá en su trono frente al televisor y mamá a sus pies, sumisa y obligada a guardar silencio.
Con los años, y la influencia de mis padres, inicié y destaqué en varios deportes. El que mejor me acomodó fue el soccer, a los dieciséis ya tenía ofertas para entrenar con algunos de los mejores equipos de mi país. La decisión, unilateral, corrió a cuenta de papá; ni yo, mucho menos mamá, tuvimos voz en ella.
Me fui de casa, dejando atrás un padre transformado por la vanidad y una mujer triste y aterrada ante la idea de quedarse sola con aquel hombre engreído por mis logros.
La preparación y el aprendizaje me mantuvieron lejos de casa. Eso me repetí mil veces para sentirme mejor ante los ruegos de mis padres para visitar los recuerdos amargos con los que crecí. Así fue hasta que una madrugada me despertó una llamada al móvil, era mamá.
—Ramoncito, mijo, tu papá volvió al trago —dijo con miedo en las palabras. Yo sabía lo que eso significaba. Casi pude ver los magullones en sus brazos y el morado alrededor de sus ojos. Cogí la mochila, las llaves del deportivo y me olvidé de la final, del premio al mejor jugador del año y de Europa.
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