BOTINES - DIA 1
BOTINES
Carolina Lupano (Argentina)
Mi viejo era chiquito, y ya era un escorpiano apasionado por el fútbol. Allá por los años 60/70, no alcanzaba entre el sueldo de mi abuelo carpintero, y mi abuela que trabajaba sin descanso en la casa, para comprar unos botines Adidas. Entonces mi papá agarró sus zapatillitas negras y con unos lápices, le hizo las rayitas. Esas franjas que le daban cierta ilusión, de poder al menos por un rato, estar más cerca de aquello que estaba tan lejos. No importa, ahí estaban, conteniendo sus pies. Ahí estaban, de manera artesanal, y no industrial. De un pibe de barrio que salía toda la tarde a levantar polvo con sus corridas. Con andá a saber cuántos sueños.
A mí también me llegó el anhelo de unos botines cuando jugaba a saber usarlos. Me regalaron unos que elegí, rojos, brillantes, muy brillantes. Industria nacional. Me hacían mierda los pies, pero yo los usaba hasta para ir al boliche, porque no podía creer tanta hermosura. Se fueron cuando entraron a la casa y robaron. Se los llevaron. Ojalá les haya hecho mierda los pies tanto como a mí. Me río y me melancolizo a la vez.
Me llegaron de regalo unos usados. Mi amiga Ju me pasó unos Nike que soltaba, y cuándo calcé allí dentro, me sentí la Cenicienta del subdesarrollo. Una belleza de sensación, los pies sobre las nubes. La felicidad estaba ahí, en la amistad y en los pies. No tengo idea de dónde están ahora, pero ya me retiré, aunque por momentos me gusta hacer algunas apariciones, y recordar lo que me encanta correr, transpirar, jugar. Sentir la vida en la respiración agitada, en dar todo para llegar a salvar una pelota, que no se vaya de la cancha, que no entre al arco de mi equipo. Que en ese momento, nada más importe…
Igual de los boliches no me retiré, así que voy a buscar y rescatar esos botines.
Comentarios
Publicar un comentario