PETRÓLEO – DÍA 3
PETRÓLEO
Sergio Chango López (Argentina)
Sergio Chango López (Argentina)
El loco Astudillo vivía cómodamente en su apartamento de Punta del Este, en verdad vivía en la punta este de mi pueblo en la zona norte, pero el norte pobre, el cual también era nuestro barrio, el de las cunetas, el barro, los montes, la Chacarita llena de chatarras, las pescas, las escondidas, el de olor a palomas y a anguilas y la pelota de fútbol. El loco Astudillo había llegado desde su Chaco natal, desde Quitilipi, con un bolso cargado más de miserias que de ilusiones, una alforja que traía más dolores y luchas que panes comidos y menos triunfos que Huracán de Tres Arroyos en su paso por primera división. Su sombrero particular, un par de lentes de mujer que le vendió un almacenero embustero, una mirada fija en el horizonte, unos bigotes mostachos del color del PETRÓLEO y un par de guantes de boxeo de su incomprobable paso por el pugilismo. Los guisos, sopas y fideos compartidos, las cacerolas con moncholos, los cuentos de piratas, las remontadas de barriletes, el arreo de terneros y las charlas bajo el farol con su tenue luz forjaron la amistad indeleble con los pibes del barrio, sus mentiras parecían verdades. Comprobamos a mediad sus dotes de boxeador aquella tormentosa noche de enero, en pleno piso del bar, entre mesas y parroquianos, salamines y quesos, cartas, bolicheros, borrachos y policías cuando se retó a duelo con el Negro Mansilla, inolvidable pelea dónde las estadísticas rezan que amagaron toda lo noche, no se pegaron una piña y amanecieron juntos tomando ginebra en la Iglesia de a la vuelta. El loco Astudillo se fue silencioso como había llegado, con algunas alegrías más en su bolso ya desgastado, con las que había arribado, nunca supimos más de él, los pibes de entonces ya somos más grandes y en tiempos que corren lo seguimos echando de menos...
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