PETRÓLEO – DÍA 3
LUGARES EXTRAÑOS
Jokalaria (Argentina)
El viejo
había tratado de robarme la mochila. Ahora tomábamos café en la estación de
trenes, o lo que quedaba de ella.
En otro
tiempo se creó un ejército para atraparme, comentó el viejo. Fue cuando la
tierra aún era tierra y uno hasta podía tocarla, antes de la invasión de los
seres intermedios y cuando todavía quedaba petróleo en este estúpido planeta.
En esa época, además de robarte, te hubiera matado. En esa época yo no había
nacido, le contesté. Como sea, te hubiera matado.
Saqué una
hoja de acero afilada de mi campera y la dejé sobre la mesa. El viejo la agarró
con una sonrisa nerviosa y miró a los costados para constatar que no
estuviéramos sido captados por ninguna de las cybermoscas. Salimos afuera
cuando ya era de noche y la lluvia de gases, que se había instalado desde los
últimos ataques, era muy leve.
Traté de
imaginar en que pensaba aquel anciano que había visto el mundo viejo, que había
acariciado un perro y quizás llegó a beber agua de algún arroyo de montaña. Extrañamente
me sentí bien por lo que estaba haciendo por él y puede que también por estar
abandonando de una vez este lugar inmundo.
Me paré frente a él y miré como el acero se movía con su mano, mientras su rostro sediento de humanidad se acercaba al mío. Solo entonces me percaté de su ojo de vidrio y de la cicatriz en su frente transpirada. Después sentí el frío entrando en la barriga y pude ver la calle acercándose a mi nuca. No pasó mucho tiempo hasta que volví a ver al viejo. Los dos buscábamos conocidos en un lugar extraño. .
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