PUÑO - DÍA 4

TE ALENTAREMOS DE CORAZÓN

Mauricio Jacob (Argentina)

 El pibe no lo dudó ni un instante. Trepó hasta la finalidad de las alambres para quedar en una posición propicia de cara a su particular objetivo de la calurosa tarde de verano. Ese apuntado a ver lo mejor posible a su equipo, a sus jugadores, en el ingreso mismo al campo. De haberse quedado en la tribuna, no hubiese alcanzado esa meta pues alguna cabeza inoportuna, alguna bandera ondeante habría aparecido en escena interfiriendo el destino de su mirada.

Pero estaba también la necesidad de sentirse protagonista, de salir del anonimato de ese enjambre humano y llamar la atención en otro lugar. Bien arriba. A ello faltaba el condimento más importante, la pasión. El grito rabioso que brota desde las entrañas para recibir al plantel que buscará retribuir ese aliento con una victoria o con un campeonato, ya que la escena tiene pinta de final.

“Te alentaremos de corazón, esta es la hinchada que te quiere ver campeón”, puede ser una sintonía que se desprende de su boca acompañada del brazo izquierdo elevado al firmamento arrojando imaginarias lanzas al aire, mientras se sostiene con el derecho de ese tejido que le dio lugar para el objetivo.

El equipo salta al terreno y la lluvia de papeles picados comienza a inundar el césped mientras él se sacude en el espacio que buscó ocupar, lo hace al ritmo de la música que suena en la tribuna, el unísono infernal de su gente que habla el mismo idioma. Las once soledades que están en el campo se dan vuelta para retribuir el emotivo saludo del pueblo que acompaña y el pibe eufórico cierra su puño zurdo sin soltarse del tejido para largar a los vientos su más enérgico grito de aliento.

El chico ya hizo su parte, brindarle el “buenas tardes” como se merece a sus jugadores, ahora ellos harán la suya lo mejor posible.

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