PUÑO - DÍA 4
SECRETOS
Noemí Medina (Argentina)
Era dueño de una multinacional, le gustaba fumar puros
y le divertía hacer que la gente pasara vergüenza. Además, tenía una habilidad
especial para descubrir los secretos de la gente. Parecía que su mirada de
rayos X descifraba el alma de cualquier persona en unos segundos. Eso le hizo
ganar algunos enemigos, pero a él no le preocupaba, porque su entorno estaba
bien asegurado, con cámaras en todos los rincones, tanto de su mansión como de
sus oficinas. Vivía tranquilo, en un ambiente que creía seguro.
—Buenos días, señor Anselmo.
—Buenos días, Ceferino. ¿Ya tenemos los resultados del
informe de proyecciones de ventas?
—No, señor, estará cerca del mediodía, en cuanto lo
reciba se lo alcanzo.
—¿Ya te olvidaste que hoy tengo el almuerzo con el
ministro? Tendré que verlo por la tarde. Por favor, déjalo en mi escritorio
antes de marcharte.
Anselmo salió apurado para la reunión, abrió la puerta
del BMW gris plata y se acomodó en el asiento. Luego de tres segundos la
impaciencia logró quitarle el buen talante que llevaba ese día y con acento
molesto le recriminó:
—¿Qué pasa, Carlos, que no arranca?
En ese momento notó que las puertas se trabaron, y el
que conducía dio vuelta la cabeza para contestarle:
—Lo que pasa es que no soy Carlos.
Anselmo tragó saliva, porque la sonrisa sádica que
recibió no le dio buena espina.
Inmediatamente el auto se puso en marcha, giró
violentamente en la esquina y se perdió por unos callejores oscuros.
Anselmo intentó pensar qué podría haber pasado para
que Carlos no estuviera en su puesto, preparado para llevarlo a las oficinas
del ministerio, y en su lugar hubiera un auto casi idéntico al suyo esperándolo
para secuestrarlo. O esto era un secuestro real, o era una broma de muy mal
gusto. Anselmo no era de las personas que hacen ese tipo de chanzas, y nadie se
animaría a hacérselas a él. Ni siquiera intentó sacar su celular, ya que sabía
de sobra que este tipo de vehículos blindados podía anular todas las señales de
comunicación.
Cuando el vehículo se detuvo, alguien abrió la puerta
de su lado, le apuntó con un arma directamente en el rostro y lo obligó a
bajar.
Le ataron las manos a la espalda y lo hicieron entrar
en una casilla que parecía más un nido de ratas que una vivienda.
Lo sentaron en una silla que le dio asco, pero la
situación no estaba como para quejarse.
—Por fin te tengo acá como te quería... —dijo una voz
rasposa a sus espaldas. Anselmo identificó inmediatamente al dueño de la voz.
—¡Qué sorpresa, y qué desgracia al mismo tiempo! No me
esperaba que me guardaras rencor por haberte dicho "marica" alguna
vez.
—El problema, Anselmo "querido", no es que
lo hayas dicho, ni siquiera que lo hayas descubierto antes que nadie cuando yo
más lo escondía, sino que por tu culpa perdí la mejor oportunidad de mi vida.
Ahora se van a revertir los papeles, y tú serás el maldito y yo el que tenga el
mundo en un puño.
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