PUÑO - DÍA 4

LOS PICADOS EN VILLA CRESPO

Gabriel Gómez (Argentina)

En el barrio de Villa Crespo no hay muchas certezas establecidas, salvo que los picados siempre terminan mal. Esa es la única certeza comprobable y medible, no tengo ninguna duda.

El puño -a veces más de uno lógicamente- es el arma letal que termina definiendo cualquier discusión que pueda surgir en esos aguerridos partidos. No hay forma que un picado no termine a las piñas, y pasan los años y las generaciones de niños y la cosa no se arregla más.
Y esto es una realidad de todo el barrio: los diferentes grupos de pibes que juegan todo el día en la calle se manifiestan así, primero futbolistas y después amateurs boxeadores. Y como decía abarca a todos los grupos: los pibes de la vía; los de los talleres de J B Justo; los de la cancha del Bohemio; los del puente de Córdoba y los más temibles y odiados por todos, los de la plaza Los Andes.

Ha de haber mucha influencia, imagino, en los mayores de cada zona del barrio y en padres que no imaginan otra forma más justa que arreglar todo a puño limpio. Así crecieron, así jugaron y esa es la ley de todo partido más o menos organizado que se juega ahí. Y si bien las promesas de fair play se hablan hasta en las esquinas, nunca se puede cumplir lo que se jura de antemano.

Entre la pandemia y esas cosas de cómo evolucionan los barrios, ya hacía rato que no había picados violentos, en realidad ya casi no había picados. A principios de este año se jugaron algunos, pocos, y no terminaron en peleas. Pero uno de los vecinos de toda la vida se dio cuenta que en cualquier momento iban a volver los picados bravos y se adelantó a esos sucesos: con la cercanía del Mundial y viendo que una gran mayoría estaba detrás de la famosa Scaloneta muy embalados, se le ocurrió para que en el futuro no haya otra cosa que paz, que los chicos pudieran ver todos juntos el partido inaugural de Argentina frente a los árabes. Con un grupo de madres consiguieron galletitas y leche y en una tarde organizaron todo.
El partido se vería en la vereda de los Fernández, gentilmente sacarían una tv de 75 pulgadas a estrenar a la ventana del living que da a la calle. Por el horario y el clima no habría problemas, y cada cual debería venirse con un banco o sillita para no verlo parado al partido.

En el primer tiempo no hubo problemas, gritaron el gol de Messi y se atragantaron con los 3 anulados, pero más de una puteada no hubo. El problema vino con el segundo gol de Arabia: varios individualizaron en sus reproches y puteadas a varios jugadores, y otros no aguantaron esos reproches.
Se elevó un grito, se alzó un puño, se pecheo a un vecino, voló una piña.

A los 15 minutos del segundo tiempo se cerro la ventana de los Fernández, y volvieron los problemas de siempre en el barrio.

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