SOMBRAS - DIA 2

SOMBRAS

Diego Lanis (Argentina)


Por la puerta lateral del vestuario había como una especie de camino, un agujero casi como un pasadizo de no más de un metro de ancho por un metro ochenta de alto. Ese corredor terminaba en unos ventanales bajos cubiertos por parasoles. Un canchero alguna vez contó la historia de un jugador “ en las sombras.” Él esperaba a sus compañeros, los dejaba pasar uno por uno. Se agachaban, llegaban al fondo, doblaban dos veces, pasaban tres puertas y estaban ya en el costado de la cancha. Él, apasionado de la física y las matemáticas descubrió, de manera indirecta que la sombra reflejada por un parasol a cuarenta- dos grados y medio latitud sur en el centro del campo es inversamente proporcional a la recta perpendicular descripta por la pelota cuando la patea desde el costado izquierdo. En cambio, si un defensor rechaza desde cuarenta - nueve metros con treinta y dos centímetros hacia el campo rival llegó a la conclusión que no pasa nada. Tal vez, le caiga a un rival o se fuera afuera. No hubo hasta aquí cálculo alguno si quien la agarra es el arquero.  Atrás del arco una vez que salió del campo de juego. Entonces, si ahora podemos decir ¿ Qué sentido tiene especular sobre la nada misma.?

Este jugador, un   verdadero visionario de su tiempo en todo sentido, a punto tal que no había casi posición adelantada donde no fuera protagonista. Y vaya si lo era. ´El mismo levantó numerosas veces sus brazos antes que el árbitro de línea para pedir su propia posición adelantada. Se estacionaba en la esquina del área grande y cuando le llegaba la pelota se balanceaba como si bailara a izquierda-derecha para terminar la coreografía con tres dedos. Si levantaba dos dedos de la mano y pateaba con los otros tres del pie. Los otros dos del pie vendados.

Tenía algo disminuida la visión. Por algunos golpes que había recibido usaba gorro, bandera, vincha, ehh, digo gorro, vincha, máscara para ojos-nariz y protector bucal. Tan sólo le faltaba un traje de gladiador y un impermeable para la lluvia.  Alguien dijo verlo alguna vez sacar un paraguas mientras un defensor lo corría. Él le ofreció cubrirlo al rival como un gesto de generosidad. Llegaron a la raya de fondo y quien se acuerda a esta altura lo que pasó. Sobre el banderín de la esquina quedó el paraguas. De colores fluo.

En estos devaneos seguía hasta que su imaginación lo llevó a calcular las coordenadas necesarias para que algunos rivales no pudieran notar su presencia. Un caso de visibilidad invisible. Parado en el círculo central, dijo : “ si Pi es equivalente a tres coma catorce la circunferencia del radio de giro del botín izquierdo cuando la orientación es noro-este determinará una frecuencia de intensidad tal que refleje rayos irisdiscentes que impidan la visión de quien me marca “. La estática hará que los cuerpos como un mimo no se muevan y el campo electromagnético generado determinará la fusión pelota-hombre.

El balón, adosado al botín seguirá su curso hasta el área rival sin que nadie se interponga porque ese halo lo protegerá. En el centro del campo y ambos costados correrá junto a él esa manga que no se ve. Hacia atrás quedarán sombras en el pasto que son esos rivales “ que no se le animan.” Sobre todo porque es “ animador “ de eventos. Para adelante hasta el arco “ sus propias sombras. Se agacha, estira la cinta métrica a ambos lados, toma medidas de su propia sombra. Que va adelante de él.  Son “ sombras “ . Nada más.


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