"15 MINUTOS" - DÍA 13

15 MINUTOS

Héctor Gurvit (Argentina)

 

Sabés una cosa Kity:

Cuando estábamos en el secundario el estrés mas grande era cuando la profe de química miraba la libreta de calificaciones y se disponía a llamar a dar lección. Era una situación extraña. Los chicos eran de hablar, de hacer ruido, pero cuando la profe examinaba con detenimiento la libreta, el silencio era casi total. Ni los de atrás hablaban. Y yo tenía mi cávala. Consistía en lo siguiente: miraba la cantidad de gente que iba en el colectivo. Los contaba. Siempre daba un número de dos cifras. Porque venía, yo no diría lleno, sino con los asientos ocupados y no pocos de pie. No apretujados, pero de pie. Luego sumaba ambos números, si daba par me salvaba. Si daba impar, mal día. Eso tiene patas muy cortas porque la cantidad de combinaciones posibles en dos dígitos es muy acotada: 1 con 1, 1 con 2, … 1, 9. Luego 2 con 1, 2 con 2, … 2 con 9. Pero cuando empezaba el 6 ya no tenía sentido porque 6 con uno ya era contemplado en la primera serie. Eran nueve multiplicado por cinco las posibilidades. Pero te estoy mareando con esto de las matemáticas que a vos te aburre soberanamente. Yo suelo hacer esos juegos de ingenio que se venden en los kioscos. Creo que me ayudan a ejercitar la mente. Que buena falta te hace a vos. Sobre todo, ese trabajo tuyo que debe ser bastante frustrante. Bueno los Call Center son un territorio desbordante de la nada misma. Lo que te salva es que sabés inglés y tenés un sector algo mas interesante y con un poco mas de dinero de remuneración. Yo sigo con mis clases de matemáticas en el colegio. Bueno, en realidad, los colegios, por eso corro todos los días de un lugar a otro. Yo creo que pierdo mas tiempo viajando que dando clases. Ya te conté infinidad de veces cual es el estado de situación de los pibes y pibas. Un verdadero drama. Siempre hay tres o cuatro que atienden, hacen los ejercicios, pero el resto es un desastre. Pero hay una chica. Yo me enamoré. Es hermosa. Claro que tiene 17 años, pero tiene una forma de ser… No sé. No estoy esperando que te pongas celosa. Solo te cuento, que además de ser hermosa me mira con cierta ternura. Mas que ternura, con intenciones que yo por supuesto rechazo porque estamos en el colegio. No se si sabe, puede ser que sí. Los rumores en los colegios corren como el agua en las inundaciones. Y como creo que sabe que a mi me gustan las mujeres ella hace ciertos avances mientras yo trato de mantener la distancia. Pero te digo la verdad. Y como son las calenturas. Te juegan mal. Y después por una de un momento terminás arruinándote la vida. Tiene un aspecto como de africana. Unos pelos crespos que crecen enmarañados y que tiñe en una parte de un violeta suave. Apenas un mechón. Es alta. Muy alta. Yo diría corpulenta y un cuerpo que parece tallado por Lola Mora. Y me atiende cuando hablo. Sigue mis instrucciones, hace los ejercicios. Quiere conquistarme. Pero yo a esta edad que tengo. Casi llegando a los 40 calculo las diferencias y me duele. Es cierto que tengo un buen cuerpo porque hago mi gimnasia rutinaria, me alimento bien. Y lo mas importante tenemos sexo, que para mi es importante porque te alivia. El sexo alivia, baja las tensiones y te permite pensar en lo que estás haciendo. A veces tengo ganas de preguntarle que como se autopercibe. Nunca es una suficientemente libre. La libertad total no existe. Estamos estructurados y condicionados por la sociedad. Me fui para el lado de Levi Strauss. Ya se me va a pasar esta cosa de relacionar.

Me quedan 15 minutos para escribir y hacer otras cosas que me tengo pendientes antes de salir. Así voy cortando. Cuando me pongo a hablar con vos de esta manera tan formal. Formal porque en estos tiempos del WhatsApp los textos son telegramas. Yo te escribo correos. Y me los guardo en la notebook. Quiero saber qué te escribo cada día. Porque te amo demasiado como para perderme, no lo general, sino lo particular. Los detalles de ese amor. Que son estas líneas que balbuceo cotidianamente. Desde aquella vez que nos dimos ese primer beso hasta estas líneas casi intrascendentes. El otro día leí una microficción que me pareció estupenda. Porque a mi me gustaría ser invisible y aparecerme en donde vos estás y contemplarte. Me metería en el Call Center y me sentaría, invisible, al lado tuyo. Bueno la microficción era así: “el hombre era invisible, pero nadie se había dado cuenta”. Voy a tratar de buscar al autor porque decir el texto sin el autor puede parecer plagio.

Quiero verte Kity. Abrazarte. Por suerte ahora viene el fin de semana y nos vamos a ver. Hoy es el partido de Argentina con Australia. Y la tarde puede ser extraña. Nadie en las calles, excepto nosotras dos, mirando el partido desde la cama de un hotel, mirándonos abrazados. Hagamos la cita ya. Vayamos para Constitución. Entremos a uno de esos hoteles de mierda que hay por allí que está lleno de prostitutas, imaginémonos como comprando sexo y matémonos a besos.

Te amo, Caro

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