"15 MINUTOS" - DÍA 13
ETERNOS QUINCE MINUTOS
Poeta de Varela (Argentina)
Miguel
atajaba en la división mayor, del equipo de su pueblo, en su querida provincia
de Santa Fe, a orillas del río Paraná.
Ese
domingo por la tarde, estaba bastante nublado y había un corte de energía
eléctrica. Aunque esto último, podía condicionar la realización del partido
puesto que, se definía un puesto, en el cuadrangular para definir el ascenso de
categoría en el cual, podía haber alargue y penales. De ser así terminaría de
noche y al no haber luz, se debería suspender. Pero los jugadores estaban muy
confiados que lo resolverían en el tiempo reglamentario.
El
primer tiempo terminó 0 a 0; las nubes eran cada vez más oscuras; para colmo el
viento, comenzaba a traer un denso humo, que procedía de la quema de
pastizales, de las islas cercanas. En el segundo tiempo, Miguel celebró los dos
goles de su equipo, pero la visibilidad, iba de mal en peor. Faltando quince
minutos para terminar el cotejo, el humo invadió el campo y no se veía nada.
En
esas condiciones no se podía continuar. El árbitro decidió suspender el
encuentro y todos fueron a los vestuarios, menos Miguel que, no tenía contacto
visual con sus compañeros y al escuchar el silbato del réferi pensó que había
reunido a los jugadores, en el centro del campo para decidir qué hacer. Nunca
imaginó que el partido se había suspendido. Con los gritos de la hinchada,
tampoco escuchó que lo llamaban y así permaneció por más de quince minutos en
el arco, hasta que, en el vestuario, advirtieron su ausencia y lo fueron a
buscar.
¡Qué
cosa loca! ¿Habrá ocurrido algo semejante en la historia del fútbol? La
curiosidad pudo al equipo y todos comenzaron a buscar en la web información al
respecto. El primero en encontrar la noticia, lo compartiría en el grupo de
whatsapp.
Lionel,
encontró algo de 1937, que involucraba al arquero Sam Bartram y lo compartió.
Sam
jugaba en el Charlton Athletic desde siempre y en la navidad de dicho año, en
el encuentro contra el Chelsea, protagonizó un insólito episodio, semejante al
de Miguel.
Había
dado comienzo el segundo tiempo del partido por la League One, de la tercera
categoría del fútbol inglés, cuando una nube espesa comenzó a cubrir el
Stamford Bridge y los jugadores apenas podían distinguirse. La continuidad se
puso en duda y aunque lo intentaron, la situación fue insostenible y los jueces
decidieron finalmente no seguir disputando el encuentro.
Bartram
había perdido toda visibilidad del campo de juego y sus compañeros y permaneció
por quince largos minutos en el arco, aún, cuando ya todo se había suspendido.
Le extrañaba el silencio de la tribuna hasta que, pudo distinguir una figura
dirigiéndose hacia él; era el guardia de seguridad recorriendo el estadio para
corroborar que nadie quedara dentro del mismo.
-Sam,
hace quince minutos que pararon el cotejo. La gente se fue a su casa y tus
compañeros están en el vestuario duchándose. ¡El estadio está vacío!
El
arquero que estaba muy enojado fue recibido por sus compañeros entre risas y
bromas. La situación fue un chiste de vestuario por décadas y llegó a
convertirse en un relato popular.
Sam
Bartram describe esta anécdota con lujo de detalles en su libro autobiográfico.
Jugó 623 partidos. Falleció en 1981, a los 67 años. En 2005 en las afueras del
estadio inauguraron una estatua suya en honor a su entrega al club. Nadie nunca
lo olvidó.
Respecto
a la nube negra que cubrió Stamford Bridge, se debió a un complejo problema de
smog causado por el uso industrial y doméstico del carbón sin tratar; situación
que años después causaría muchos muertos en Londres.
La
nube de humo que cubrió el estadio del pueblo de Santa Fe, se relacionó con la
quema de pastizales de las islas, provocada por incendios intencionales, lo que
constituye un inmenso daño al medio ambiente.
Quizá
cuando al planeta le queden quince minutos de vida nada más, la humanidad
comprenda el daño que le ha causado. Y ojalá esos quince minutos se hagan
eternos.
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