"A LLORAR A LA IGLESIA" - DÍA 14

 

CARTA A LA ABUELA

Alberto Amblar (Argentina)

 

Abue:

Te escribo porque es más sencillo ordenar mis sentidos y no atropellarme con un discurso que estará suspendido de nudos por desatar y lágrimas por salir. La llamada por celular o por estas aplicaciones que Laura insiste en emplear nos enredan. Allí hablamos todos juntos y nos entendemos poco. No sé porque nos gusta tanto el micrófono, pero estas letras no tienen el objetivo de cuestionar la diversidad humana y su pulsión comunicativa. Apenas es un homenaje y que mejor que dejarlo escrito.

 Además, estoy convencido que Laura te lo leerá y vos, como siempre, te emocionarás y después le pedirás que te acompañe a rezar y a llorar a la iglesia.

 Te cuento que mañana (ya sé que será domingo, pero los médicos no elegimos cuando trabajamos) integraré el equipo de cirugía del Doctor Comert, un genio de la cirugía e innovará con una tecnología que yo mismo desarrollé y essayé. Es posible que esto revolucione la medicina. Eso suena presuntuoso, pero esperanzador. Para mí, será un logro personal. Estoy muy emocionado y ansioso. Me inunda el recuerdo de esa abuela cariñosa y cuidadosa que me visitaba en el cuartito de estudio. Me traía algo dulce, café, mate, agua, para que no me durmiera, ni cejara en la voluntad de estudiar: “quiero que mi nieto sea médico”, me decías y me sentía compelido a seguir, aunque tenía incentivos para salir de farra.

Vos, abuela amorosa, ni me hablabas ni me preguntabas, solo venías, apoyabas la bandeja, me acariciabas el cabello y cuando giraba la cabeza, hacías el gesto de la enfermera que pide silencio.

 Recuerdo que alguna vez, cuando eramos chicos, nos llevaste con Laura a un convento (luego, no lo lograste más) y en un momento nos dijiste: “sentid el silencio, el grito del Señor”

 El valor del silencio. Justo vos, que tu infancia fue en medio de las sirenas de bombarderos y los estallidos. El dolor, el hambre, las heridas infectadas. Tu mamá, que era enfermera en ese contexto, te legó esa necesidad de la medicina y de la educación, pública, gratuita y transversal a las clases sociales.

 No estoy en ese paraíso público, Estados Unidos es un contra ejemplo. Pero, este pibe de Mataderos, que estudió medicina con su abuela, está en medio del imperio, laburando para algún día volver a transmitir esta experiencia a los pibes y pibas que quieran escapar de la tela araña del sometimiento. 

Seré como vos, la “abuela” exigente, cariñosa y silenciosa de todos ellos.

Por eso también te escribo. Para prometer, para obligarme a escapar del narcótico del ambiente desarrollado, del éxito individual y de la vanidad que cada tanto me amenaza. El abuelo, en sus escasas palabras, me dijo: la bonhomía y la humildad son dos músculos que se entrenan con voluntad. Así lo hago, escribiéndote.

Termino estas palabras, escapando de la solemnidad homenajeadora para nutrirte de lo siempre me preguntas: estoy comiendo bien, muy abrigado (en Boston hace mucho frío)

Recién termine de ver la derrota de USA contra Países Bajos junto a los compañeros del hospital. Están un poco tristes, se habían entusiasmado (los gringos, porque hay de muchos otros lugares) Ahora me voy al departamento a ver el de Argentina. No pretendo ser triunfalista, solo deseo que Messi haga un gol.

 Abue querida. Casi como la hinchada de Nueva Chicago, grito y canto: cada día te quiero más.

 Te envío el beso más grandote del mundo y si la Pulga mete un gol, lo gritamos a la distancia, juntos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

BRASIL - DÍA 21