"A LLORAR A LA IGLESIA" - DÍA 14

"A LLORAR A LA IGLESIA"

Pincen Carracedo (Argentina)


Ya hace tiempo que estoy caminando por está plaza y no la encuentro. Estoy muy seguro que es esta la plaza porque le pregunté a muchos transeúntes donde quedaba la plaza Mitre. Y todos me dijeron “es la plaza que tiene el árbol invertido. Las raíces están en el cielo y la base se entierra hacia la tierra”.

Está es la plaza, definitivamente. El tema es que a todas las personas que les pregunté tenían un gorro rojo y lentes negros. Todas eran parecidas. Más que parecidas yo creo que iguales. ¿Serán las mismas personas? O sea, la misma persona… tiene sentido si hace un día o más que creo caminar en círculos por la plaza. ¿Cuándo comencé a buscar la iglesia? ¿Hoy, ayer? Todos los días ya me parecen iguales, como todas las personas. Mi largo camino para ir a llorar a la iglesia, aunque sea un poco, se está haciendo un viaje terriblemente eterno. Ya está atardeciendo y otra vez tendré que dormir aquí. Mmm, ¿alguna vez dormí acá, en está plaza? Creo que sí. Pero también creo que no. ¿Será aquella la iglesia? Ah, no, es una casa. Se parecen todos los edificios iguales. Como todas las plazas. Ahora… ¿todas las plazas también tendrán un árbol invertido? De ser así debo buscar en cada plaza, una tras otra hasta que encuentre la iglesia. Me puede llevar un tiempo mas pero realmente necesito llorar y tiene que ser en esa iglesia, donde iba mi madre, pero eso fue hace tanto tiempo. Si tan solo ella estuviera viva le podría preguntar a que iglesia iba. O tal vez, podría llorar en sus hombros y decirle lo mucho que la extraño. Pero si estuviera viva no necesitaría llorar en sus hombros. Ni en una iglesia. Ni llorar. Porque sería muy feliz a su lado.

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