"CRISTIANO" - DÍA 17

CR7 O DOS VECES CRISTIANO

Poeta de Varela (Argentina)

 

CR7 no era un robot, aunque la mayoría aplaudía y le decía “sos una máquina”. Tampoco era un avión, pero cuantas veces voló para cabecear la redonda y meter un gol. Y aunque sus goles tenían mucho de magia, no era mago. ¿Acaso habría frotado alguna lámpara, cuyo genio le concediera el deseo de jugar casi como los dioses y ser uno de los mejores del planeta? No, no. El genio era él; y por si alguien se lo está preguntando, tampoco llegó desde otra galaxia ni visitó nunca la cueva de la salamanca, cuando estuvo de paso por Santiago del Estero.

Cristiano Rodrigues, de él se trata, se decía dos veces cristiano, por el bautismo y por su nombre. Era nieto de don Abrahao Rodrigues – portugués de pura cepa – e hijo de Thiago, que amaba el futbol y cuyo ídolo era nada más ni nada menos que Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, de allí que eligiera ese nombre para su hijo.

Cris, así lo apodaban, tuvo cualidades para jugar al futbol desde pequeño y siempre contó con el apoyo de su padre. Desde la primera gambeta en la liga infantil a su debut en primera, todo sucedió como en un sueño. Al igual que su ídolo y el de su papá, lo identificaban como CR7. ¡Que orgullo! ¿Y si me lo tatúo? Y se lo tatuó, en el pecho cerca del corazón.

Por supuesto que no tardaron en llegar las convocatorias a la selección como tampoco las ofertas para llevarlo a jugar a Europa. De todos modos, Cris no se mareó. Sabía bien quien era, de donde venía y cuál era su meta. Cuando firmó contrato con Sporting de Lisboa, lloró mucho abrazado a su padre. ¡Iba a jugar en la tierra de su abuelo! Abrahao nunca pudo volver a su patria, como anhelaba y ahora era una estrella que lo guiaba desde el cielo. ¡Iba a conocer a parte de su familia! Y quizás, hasta conocer a su ídolo ¿Por qué no?

Se despidieron en el aeropuerto con la promesa de una pronta visita familiar.

- ¡Los voy a estar esperando…ya los extraño! – dijo entre lágrimas.

-Si te cruzas a Cristiano, pedile un autógrafo para mí – gritó Thiago. Hubo risas.

Durante el vuelo, pensando en ese futuro prodigioso que se le presentaba por delante, se durmió y soñó que hacía historia en el futbol europeo, que marcaba records, que era el goleador de un Mundial o la figura difícil de un álbum que todos quieren tener, y que el mismísimo Ronaldo le entregaba el balón de oro y hasta que jugaban juntos.

En ese momento, una pequeña turbulencia, que pronto quedó en el olvido, lo despertó.

-Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, me encontraré contigo en algún tramo del camino – se dijo a si mismo. Era muy tenaz y sabía que lo lograría, como lograría también ayudar a su familia, a su barrio y a todo el que pudiera.

Los sueños están para cumplirse y peleará por ello. Como lo hizo su ídolo, como debemos hacer todos: luchar con mucha fuerza y con mucha fe por lo que queremos, como individuos y como sociedad.

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