"CRISTIANO" - DÍA 17

LOS RUMORES DE LA CASA HUNIGAN

Lucas Ariel Corellano (Argentina)

 

Tarde calurosa y tranquila en el pueblo de los tulipanes, como siempre eran por allí, y clima calmo que de repente se vio interrumpido por algunos ruidos molestos y un tumulto de gente que parloteaba. Los ruidos provenían de la antigua quinta de los Hunigan. Esta había estada vacía por más de diez años, desde aquel fatídico accidente donde el dueño de casa había rodado por las escaleras, poniendo fin a su vida. O por lo menos esa era la historia oficial.

Rodrigo Lamas compositor exitoso en la gran ciudad, requería de paz para componer un nuevo éxito, y luego de mucho andar, decidió compro he instalarse en la vieja y desolada casa.  Algunos de sus vecinos se acercaron a darle la bienvenida, median una presentación algo formal. Por su parte, otros acudieron con una altitud mas amistosa, y algo entrometida, y comentaron el valor que tenia por haber comprado esa casa.

Este asombrado, pero siempre seguro no se dejó ver asustado, aunque se sembró en el la curiosidad de saber que había pasado allí. Las noticias que logro recaudar hablaban de un accidente hogareño al bajar las escaleras, menos una que contaba que en la casa habitaba un ende malvado, y que no quería compartir la casa y por eso había asesinado al señor Hunigan. Como buen cristiano Lamas acudió a la iglesia del lugar, donde converso con el párroco sobre lo que le habían contado y leído.  El sacerdote conto a Rodrigo que había escucha de ese rumor, y que incluso algunas noches se podían ver luces encendidas en la casa, pero no todo ente o fantasma en maligno.

El compositor volvió a la casa y comenzó su estadía en la misma, él se levantada ponía algo de Mozart y se instalaba en su escritorio a componer, algunos días pasaba todo el día fuera de la casa, y cuando regresaba escuchaba algunos crujidos. Muy tranquilo por no haber sufrido ninguna muestra que alguien o algo malo habitase, comenzó a realizar algunas pruebas diarias, y noto que siempre que se iba de la casa sin escuchar a Mozart los crujidos se escuchaban por las noches. Por ello se transformo en una costumbre todas las mañanas deleitarse con las sinfonías del pianista y vivir en armonía con la casa.

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