"EL ASESINATO DEL JUEZ DE LÍNEA" - DÍA 15
EL HOMBRE DE TRAJE NEGRO
Mauricio Jacob (Argentina)
Dejemos de lado el
aspecto evaluativo, aquello que podamos decir sobre su forma de actuar dentro
de una cancha. Vamos a quitarlo de nuestra atención por un momento. Al hincha
un árbitro podrá parecernos bueno, discreto, malo o muy malo, pero pienso que
estamos en condiciones de afirmar que estar en medio de un partido de liga como
las del interior, no es para cualquiera, tampoco resulta un laburo sencillo de
llevar adelante sin complicaciones.
Partamos del hecho que
los jueces que dirigen en estas tierras, se toman todo el domingo para
realizarlo. Más en una liga “federal” que cubre a varias localidades con
cientos de kilómetros de diferencia entre ellas. Imaginemos la siguiente
escena, el hombre de negro se levanta temprano el día del partido, de pedo
saludará a su familia, intercambiará dos o tres mates hasta que lo pase a
buscar un colega que pone el auto para viajar hasta la sede liguista.
Dependiendo el lugar de procedencia, ese viaje podrá durar media hora, una o
hasta dos.
En la entidad se le
indicará a qué encuentro asistirá. Automáticamente los árbitros ya elaborarán
un pensamiento previo sobre la cancha en la que estarán y su entorno, los
jugadores “difíciles” de los equipos en cuestión, algún antecedente cercano con
cierto protagonista, mirar de reojo la tabla de posiciones para saber si será
un duelo de dientes apretados o con poco en juego… Y también el viaje.
Temprano arranca el
peregrinaje de cada vehículo con el grupo de árbitros que serán depositados en
los reductos futbolísticos. Tras otra media, una o dos horas se llega a la
cancha y en marcha la acción. Alguna fruta o algo livianito para comer al
mediodía porque en breve arrancan los cotejos de categorías juveniles ya que
por aquí la serie de duelos es delineada por Sub 20, Sub 17 y Primera.
El árbitro comienza a
concentrarse para estar a la altura del encuentro, sabiendo cómo manejar cada
situación. Desde el pitazo inicial también se larga el juzgamiento de los
presentes, porque el señor juez es el único dentro del campo en ser evaluado
constantemente por las dos hinchadas y por los dos elencos, pero también sus asistentes
estarán en esa silla eléctrica con el hostigamiento colgado del alambrado a su
espalda. A los fanáticos se los ve más ávidos por redactar una novela policial
al estilo “El asesinato del juez de línea” que una historia romántica como “Un
corazón entre tú y yo” de Megan Maxwell. En fin, como suele pasar, serán mucho
más los reclamos (por no decir, todos) que una felicitación por la buena tarea.
Los testigos los ven como los malos de las películas, así de sencillo.
Ellos, los señores de traje
negro, andan inmersos en una extraña pasión que solamente ellos comprenden,
están dentro del campo y llevan adelante su tarea para la que se prepararon.
Deberán estar mentalizados para tolerar la protesta del defensor local, la del
capitán rival que no para de hablar, la del DT nervioso, la del ayudante que
grita “¡Danos una, una nomás te pido!”, la de la señora con voz chillona que
cada vez suena más aguda, la constante invocación de su santa madre y el
recuerdo ginecológico para con su hermana (aunque no la tenga). Terminado el
encuentro, por si no fuera poco, deberán emprender el regreso con el mismo
recorrido realizado para ir a esa cancha donde fueron felices.
Es que nada más que ellos
-y ellas- comprenden aquella tarea, son quienes crean el carácter para cada
situación (hasta incluso violenta), el temple para ganarse el respeto, la
personalidad para calmar el clima candente, le comunicación para ser escuchado
y la frialdad para dominar una escena compleja.
Nadie más entiende el
afecto que sienten para ser parte de un partido sin pegarle a la pelota, pero
conforman una parte fundamental donde la falla puede resultar nefasta y el
acierto es aceptado solamente con normalidad. Quizás no sea cuestión de buscar
entendimiento, pero sí de tener conocimiento sobre algo: el día del partido
para un juez en estas tierras, no es un día más. Está marcado por el
sacrificio.
Entonces ya caída la
noche larga, llegará a su casa, quizás tenga tiempo de compartir la cena, o en
muchas ocasiones solamente una breve charla son su familia antes de irse a la
cama. En definitiva, al otro día habrá que madrugar para laburar.
Comentarios
Publicar un comentario