"FIGURITA DIFÍCIL" - DÍA 16

FIGURITA DIFÍCIL

Sergio Chango López (Argentina)


Las siestas pueblerinas siempre tuvieron esa tentación inevitable de aprovecharlas para descansar de manera plácida. Nada diferente de aquellas, de otros tiempos, en los albores de los noventa y un país políticamente de fiesta riojana y federalista, dormirlas siempre o generalmente, era un rito. El sol de julio, en un invierno que abrazaba, golpeándonos con sus rayos esplendorosos, nos quería colocar en una situación incomoda y en la disyuntiva, pero la elección ya estaba tomada. En épocas de orfandad de redes sociales, bastaban un par de miradas, gestos y guiños cómplices para alimentar el deseo más fuerte, el de jugar a la pelota. El territorio geográfico era un hábitat natural y conocido, la mítica canchita de la escuela, que era de todos, pero los del barrio norte, el barrio pobre, la sentíamos como propia, claro si nos quedaba en el patio de casa. Por esos años ya éramos adolescentes, fuimos canteranos por ese suelo poco verde y con mucha tierra y ahora disfrutábamos las bondades de sentirnos de primera y como buenos parroquianos fuimos abordando nuestra basílica futbolera. Estábamos absolutamente todos los autoconvocados ante la atónita mirada y sobresaltada del alumnado que disfrutaba su revoltoso recreo. Claro, faltaba el invitado a jugar, que demoraba su llegada y cual invitado a cenar que lleva un tinto, él, y a sabiendas que no teníamos, porque era nuestra FIGURITA DIFICIL prometió traer la pelota. Cuando emergió su figura detrás del arco, que daba espalda a la vieja calle melancolía, nuestra cara de asombro fue tan manifiesta que eclipsó a la de los purretes escolares.  Alto, flaco, derecho, longilíneo, vertical, canoso, zapatos Ocelotes negros, medias altas grises sostenidas por elásticos que le hizo la patrona. pantalón rojo y un suéter azul Lacoste metido bien adentro.  Impecable, fina estampa, caminar coordinado, pasos firmes y una mirada que iba de arco a arco, nos temblaba el cuerpo, titiritábamos. Avezado directivo financiero de dilatada trayectoria, de ascendente y correcta carrera bursátil e intachable conducta recalaba en el condado. Como había prometido, trajo la pelota, una número cinco que parecía más gorda que las tradicionales, más blanca que la luna, lucía mucho mejor que aquellas que habíamos tenido. El tipo venía de sitios que solamente escuchábamos por radio, había jugado en la tercera de Estudiantes de La Plata, escuela de Zubeldía, tuvo un paso fugaz por Central Córdoba de Rosario, jugó con el Trinche, y cuando iba a debutar en la primera de Colón de Santa Fe, le tocó la colimba después de tantos años de prórrogas. Se le truncó el sueño futbolero, pero estas ocasiones venían bien para despuntar el vicio y levantar el ego. Los pergaminos de sus rasgos futboleros hablaban de un buen juego aéreo, buena pegada, tiempista, solvente, expeditivo y de carácter fuerte. Después de los saludos cordiales y protocolares, se armó el partido, los de atuendo oscuro con él, los de clarito para el otro continente. Se paró bien de líbero, con voz de mando, presencia, el partido transcurría por el boulevard de los sueños rotos, melancólico, taciturno, con pocas situaciones que rompieran la monotonía. Hubo un par de tiros libres que el "Blanco" así se autobautizó, quiso ejecutar y no lo dejaron, un par de pelotas detenidas que el alto, flaco y elegante iba a cabecear y la jugaban corto, se lo escuchaba refunfuñar por lo bajo, se lo notaba ofuscado y molesto. El suéter ya estaba desacomodado, se lo veía desalineado, despeinado y sobre todo nervioso, no parecía ser el partido que imaginó la noche anterior. No me olvido...sector derecho de norte a sur, por el andarivel de la tribuna Ñato Florián, Bigote Camargo, crack, ex jugador de Independiente y de Ferro de General Pico de La Pampa, enfiló de ahí hasta el área, lo gambeteó de ida y vuelta, lo envolvió para regalo, doble caño, lo revolcó contra el tejido, la sonrisa debajo de sus prominentes bigotes fue contagiosa y se propagó por todo el ambiente. El "Blanco", el directivo financiero, se levantó de una manera tambaleante, derrotado, humillado, se acomodó el pelo, se sacudió la ropa, prendió un Camel, emitió epítetos de gruesos calibres al aire, recogió la pelota que había traído ante nuestras azoradas miradas y apuntó enojado, su regreso a su residencia. Nos dio la espalda con desprecio, se iba, pero se llevaba esa pelota grande que nunca habíamos tenido. Dicen que se fue una madrugada lluviosa al norte santafesino, nosotros hicimos una vaquita y nos compramos una con los colores de nuestra bandera, bien celeste y blanca, nunca más supimos de el, para algunos el "Blanco", para todos "El dueño de la pelota"...lo echamos de menos....       "El dueño de la pelota".

Comentarios

Entradas más populares de este blog

BRASIL - DÍA 21