"FROTANDO LA LÁMPARA" - DÍA 11

 

QUERIDA KITY

Raúl Gurvit (Argentina)


Aquí estoy frotando a lámpara. Para ver si el genio me ayuda con este amor que tengo por vos. Parece como que yo prefiero tener siempre un motivo para no ser feliz. Si no es el fútbol, es mi hermano, o mi vieja que siempre anda por la casa a los gritos. Recuerdo que cuando era chica, juntaba figuritas. De jugadores de fútbol. Ya no me acuerdo ni de cómo eran. Creo que eran redondas como de cartulina. Y el álbum no eran esos de ahora que parecen hechos para los que tienen guita. El otro día mi hermano hizo la cuenta de cuánto saldría tenerlo, completo sin que te salgan figuritas repetidas. Estaría en el orden de los 20.000 pesos. No sé qué te parece a vos, pero el que pensó ese formato es un jodido comerciante que no piensa en los pobres. Ni comprarse el álbum pueden. Y estaba contándote que cuando yo era pequeña juntaba figuritas, pero creo que eran mas económicas. Y también jugábamos a juegos como la arrimadita, que el que tiraba la figurita y la dejaba mas arrimada a la pared se llevaba todas. O la tapadita que la tenías que tener con el dedo en la pared y hacerla caer sobre otra. Si lo lograbas te la quedabas. A mí me faltaba una sola para llenarlo. El asunto es que había un pibe del barrio. Uno de la otra cuadra de casa. Todos le decíamos Carlitos. La casa en las que vivíamos habían sido unas construcciones que se hicieron para obreros. Creo que, en los tiempos de Perón, pero no estoy segura. Eran re buenas. Te cuento como eran y te vas a sorprender. Tenían una planta baja en la que había una cocina, un baño y dos habitaciones. Todo muy grande. Subías por la escalera que era de madera buena, dura y llegabas a un entrepiso donde había otra habitación. Le decíamos la habitación de planchar. Subías otro tramo y llegabas al primer piso que tenía otras dos habitaciones, los dormitorios. En la planta baja había un lavadero pequeño y un jardín. Después de la separación de mis viejos y todo ese despelote, aquí estamos en dos metros cuadrados mi vieja, mi hermano y yo. El asunto era que Carlitos tenía la figurita que me faltaba para llenar el álbum. Entonces llegamos a un trato. Beneficioso para ambos. Como dicen ahora “win to win”. Me burlo de mí misma. Él me daba la que me faltaba y yo le regalaba la hamaca que teníamos en el pequeño jardín de adelante. El asunto que me la da, yo la pego en el álbum y canto victoria. Hasta aquí todo bien. Pero resulta que al día siguiente viene Carlitos, toca el timbre, sale mi vieja y el Carlitos le dice:

-          Vengo a buscar la hamaca.

Yo no sé cómo fue exactamente esa conversación e incluso no sé si me la imagino. El asunto es que mi vieja me hizo arrancar la figurita, devolvérsela a Carlitos y fin del relato.

Pero de esas frustraciones se va armando la vida. Yo creo que todos tenemos momentos de extrema desazón que, pasados los años se transforman en anécdotas. Es verdad que no pude completar el álbum, pero ahora te lo puedo contar y con alegría. Y por supuesto que mi vieja, en eso, tuvo razón. Una figurita por una hamaca es muy mal negocio. Y ahora me rio y me pienso como una de esas travesuras que todas tenemos en algún momento.

Y ahora que lo pienso desde entonces a mi se me daba por jugar los juegos de los niños. Yo iba siempre donde iban ellos. Si había que ir a juntar ramas para hacer una fogata, yo iba. Me identificaba con los chicos. Las cosas de las nenas me parecían muy tontas. Y así fue que me fui dando cuenta de todo. Ahora Kity ¿pensaste sobre lo que te dije en la carta anterior? Porque no tuve ninguna respuesta. Ni siquiera me llamaste por teléfono ni un WhatsApp, nada. ¿Dónde te metiste? Incluso llamé a tu casa y no me quisieron decir nada. ¿te estás negando? Eso si que no te lo voy a perdonar. Siempre que termino las cartas es para quejarme. Seguro que estás cansada de mí. Porque ya me parece que lo mío es obsesión y las obsesiones nunca terminan bien. Te quiero Kity, llamame por favor.

Estas en mi corazón, Caro

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