"HASTA LA VICTORIA SIEMPRE" - DÍA 10

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

Carlos Fernando Elorza (Argentina)


Acá en este Sur, donde dicen que se acaba el mundo, nacieron y vivieron Diego, el Che y Osvaldo hoy se jugará un partido que no se juega acá. Es de un juego que es el que más gusta a todo el planeta y se desarrollará  a miles de kilómetros de aquí, en Medio Oriente.  Cada habitante de la Argentina, y parece que también muchos de Bangladesh, lo jugará a su manera. En las vísperas de un encuentro como el que se disputará con Polonia  si alguien quisiera explicar, por ejemplo, a otro de Varsovia o La Habana, cómo se vive, en estas Pampas ese trance, podrá  recurrir a “La observación de los pájaros” cuento de Roberto Fontanarrosa, nacido en la misma ciudad de Rosario en la que llegó al mundo Ernesto Guevara Lynch. El Che, con la “entrañable transparencia de su querida presencia” como le canta una de las canciones dedicadas al médico que, atravesó América Latina entre pestes e injusticias, hasta llegar a la Cuba que lo esperaba para hacer la Revolución que lo sobrevivió y que de tan profunda y efectiva, mantiene bloqueada a la Isla desde entonces. Quizás sus padres que elegían Alta Gracia en Córdoba para oxigenar los bronquios y pulmones de Ernesto niño durante las vacaciones hayan oído alguna vez un tango de Osvaldo. De Pugliese. Seguro que Osvaldo ya era marxista, comunista cuando el Che recorría los veranos cordobeses montado en burro y después animándosele a algún matungo para recorrer y conocer el territorio y los hijos de esas tierras de hombres viejos, resabios coloniales, imágenes de desamparos que volvería a ver en su viaje juvenil montado en su motocicleta, la Poderosa por todo el Continente, al sur del Río Bravo. Don Osvaldo el comunista, pianista de estudio, derivó al tango por su popularidad y por encontrar entre tantas y tantos seguidores que lo bailaban abrazados, a los protagonistas de la lucha de clases, elevando su conciencia en la pista de baile que regó con sus tangos. Ahora, cuando faltan tres cuartos de hora para el inicio en el Desierto, el Che golpea la puerta de un peache de Rosario mientras revisa la hora. Le abre la puerta Fontanarrosa, mate en mano y lo invita a pasar. Mientras transitan el pasillo, se oye sonar un piano con los primeros acordes de La Yumba. Entran  mientras la pantalla de televisión entrega la imagen de los jugadores entrando en calor, si esto fuese posible,  en los refrigerados campos de juego de Qatar.  Suenan al saludarse un “ ¡Camarada!” lanzado por el Che y un”¡Comandante!” del Maestro Pugliese, conmovido y luego llegan las palabras de bienvenida  del Negro Fontanarrosa a la “sección vespertina del Cielo de los Argentinos”. Tras convidar a los presentes, el Che prende un habano y apoyándose en el piano , luego de sonreir mirando a su alrededor, exclama  un “¡Carajo! ¡Qué bien me siento. Qué lindo es esto! Me parece que la cagamos Camarada con eso de que el fútbol era el opio de los pueblos , tanto argentino junto, tirando para el mismo lado! Estos pibes, bah, mi paisano de Rosario, Lío su Comandante, hacen milagros!!. El Maestro Osvaldo, alzando el puño izquierdo se ríe con ganas. “ ¡Pero Comandante, se me ha puesto religioso!! Lindo el fóbal! Me recuerda , viendo tanta camiseta argentina por la calle, tanto cariño entre explotadores y explotados! Voy a pensar que habría ocurrido la dictadura del proletariado y yo no me dí cuenta.” con ironía. Fontanarrosa no  puede parar de reír y dibujar, flota un aire de tanguito: “Negracha” “ La yumba” , a pedido, una y otra vez. El Negro Fontanarrosa, alerta “ojo que ya empiezan, acomódense”. Un ciego que llegó sobre la hora y fue recibido con una ovación cuando dijo que venía a ver el partido,  de  camiseta argentina y sonrisa llena de dientes, le pregunta a Osvaldo: “ ¿Y Maestro, cuál fue su día más feliz?” Mirando al Che y al Negro, suspira y arranca: “Nada que ver con el Partido Muchachos, ocurrió hace mucho tiempo, fue el día en que me avisaron que el Ejército Rojo entró a Varsovia y se levantó el ghetto.” El Ché mira a Fontanarrosa que termina de dibujar a La Hermana Rosa con una estampita de Messi con la Copa en la mano y mirando a Osvaldo, guiña un ojo  y  larga un “tranquilo Camarada, todo bien con Varsovia, pero hoy gana Argentina” y puño en algo arenga “! Vamos Argentina Carajo! ¡Hasta la victoria , siempre!”

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